Verano
Tengo en el recuerdo grandes momentos de paz en los veranos de mi infancia y mi juventud, por ejemplo en el campo de mis abuelos, de noche, después de cenar, charlando o escuchando de fondo la tele que sacaban al porche. O por ejemplo en alguna cena con mis padres, mi hermana y mis abuelos. La pausa y la luz de aquellas cenas, el color de la piscina en la noche, las sardinas que me limpiaba mi abuelo con tanto amor.O en algún momento observando el cielo alrededor de la mesa alargada de mármol o en la farola que hacía esquina en la zona de la piscina, donde de vez en cuando nos encontrábamos con mi padre, mi hermana o en alguna ocasión especial incluso los cuatro. U observando la oscuridad de la noche en el poyete de la barbacoa en esa misma zona del "charlé". O quizá en alguna llamada telefónica desde ese mismo sitio, en época ya de amistades intensas y amores. Ese lugar era el de la cobertura. Tumbada, como ahora, en el sofá de madera de la terraza de Calle Béjar en Barcelona en algún verano que me quedé por allí más tiempo del habitual. Otro es en la lectura en la casa de Baeza, en alguno de los 2 sofás o en algún sillón de ikea. Otro es en las siestas de julio de Carlos Pareja mientras he vivido allí. Otro en los paseos solitarios o de vez en cuando también acompañada, por playas de Cádiz, de Cabo de Gata o con el ámbar granadino de La acequia real. En los desayunos del charlé cuando algunas mañanas me parecía que hacía demasiado frío para ser verano en la segunda mitad de agosto. En las siestas debajo de una de las dos moreras del césped. En el atardecer que dejaba el último rincón de luz en una esquina de la piscina. En un paseo antes de que anocheciera con el callao por si los perros, con mi abuela, mi madre, mis tías, mi hermana...por la urbanización del cerro del laúd. Asomada a la ventana del cierre de la cocina en Baeza viendo las estrellas en algún momento de levantarme a orinar de madrugada. En alguna brisa pacense que asomaba por la ventana de la residencia a la luz de las velas, en el salón del apartamento, a final o a principio de curso. En el horizonte del paisaje y la luz que se veía desde la piscina del charlé al atardecer. En mi padre limpiando la piscina por la mañana con la cegadora luz de la mañana en el charlé.
Ahora en la terraza de mi nido-casa en seminario, la paz que me baña en su rocío nocturno se asemeja a todos esos momentos y entonces sé que es un buen lugar en el que permanecer. Suena Granados de fondo, huele a citronela de una vela, me acaricio la piel con la observación consciente y deleitosa que desde esta mañana está disponible y beso mi brazo como si fueran los labios de ella.


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