El maravilloso mundo de Zambombi

Friday, September 18, 2026

Probando otros estilos



Solía lamentarme por cómo me relacionaba día sí y día también durante los último años. Me empeñaba en superar aspectos emocionales que ya estaban negados desde el principio de algunas relaciones, me empeñaba en hacer el trabajo por todos los agentes de la relación, me empeñaba en empeñarme porque porque sí eso tenía que funcionar. ¿Y qué es que funcione? 

Al pasar por los escaparates, esa vieja costumbre de mirarme de canto mientras camino, me devolvía cada día una imagen más difuminada de mí misma. Recuerdo pasar por delante del escaparate de una tienda de música del barrio y ver las guitarras a mi paso por el cristal eclipsando mi figura. Cada día era más difícil reconocerme. 


En el amor romántico siempre me viene la instalación gratuita del sobre pensar y el hiper foco. SOBRE, HIPER, SUPER, MUY. ¿Es acaso eso lo que no funciona? Tener esa mirada sobre dimensionada acechando noche y día cualquier atisbo de prueba de que ahí no es, de que ahí no estamos completas, de que ahí no eres tú misma...

Era agotador y aún así, erre que erre, no sé qué tipo de aprendizaje o de transformación personal o de adaptación al medio quería sustraer del fondo del pozo. Cuando empecé a flaquear por agotamiento, no sabía cómo transmitir toda esta complejidad interna sin que quedaran cadáveres en la cuneta. Demasiado olor a podrido acumulado en esas curvas del camino estos años atrás y parece que sigo y no consigo purificar los filtros de transmisión. Hay grasaza pegada a las paredes sin dejar pasar ligeros algunos temas vinculares recurrentes. 

Sunday, September 06, 2026

A 2500 metros de libertad


Adrede aposta a propósito a caso hecho

Neveros, centinelas del cambio climático

Sierra nevada reserva hidrológica

Hots pots puntos calientes del cambio global

Alfar

Mundo herido

Sequía 

Desaparición del paisaje sonoro del agua

Mandola

Chicharra

La llegada del agua es clave para la repoblacion de la biodiversidad

Alcohol y pis

Granada a los pies, chisporroteante, mi vida, ahí abajo, mi alma, dentro de toda esta tierra

Dormidera

El arte recoge a la humanidad, le da sentido a nuestra existencia, la honrra, también recoge al universo

Me vienes, como el murciélago iluminado que acaba de pasar como estrella fugaz

Pena de no ser aquí juntas, de ser transformadas juntas, de no ser tocadas por el sentido de la vida, reunidas en esa alegría

Campanillas que marcan los caminos por donde sí quiero transitar

La piedra de frente, imponente, sabiendo mil veces más que yo, dura, como siento ciertas distancias vitales

El tamaño de la vida natural, pequeñita, a mis pies

Todo está tan vivo aquí 

Brota la vida y vibra con la esencia conquistada, con la libertad que deposita

Bondad bondad, es solo eso

Regocijo y agradecimiento

El frío que limpia por dentro 


A 2500 metros 


Wednesday, September 02, 2026

Verano


Tengo en el recuerdo grandes momentos de paz en los veranos de mi infancia y mi juventud, por ejemplo en el campo de mis abuelos, de noche, después de cenar, charlando o escuchando de fondo la tele que sacaban al porche. O por ejemplo en alguna cena con mis padres, mi hermana y mis abuelos. La pausa y la luz de aquellas cenas, el color de la piscina en la noche, las sardinas que me limpiaba mi abuelo con tanto amor.O en algún momento observando  el cielo alrededor de la mesa alargada de mármol o en la farola que hacía esquina en la zona de la piscina, donde de vez en cuando nos encontrábamos con mi padre, mi hermana o en alguna ocasión especial incluso los cuatro. U observando la oscuridad de la noche en el poyete de la barbacoa en esa misma zona del "charlé". O quizá en alguna llamada telefónica desde ese mismo sitio, en época ya de amistades intensas y amores. Ese lugar era el de  la cobertura. Tumbada, como ahora, en el sofá de madera de la terraza de Calle Béjar en Barcelona en algún verano que me quedé por allí más tiempo del habitual. Otro es en la lectura en la casa de Baeza, en alguno de los 2 sofás o en algún sillón de ikea. Otro es en las siestas de julio de Carlos Pareja mientras he vivido allí. Otro en los paseos solitarios o de vez en cuando también acompañada, por playas de Cádiz, de Cabo de Gata o con el ámbar granadino de La acequia real. En los desayunos del charlé cuando algunas mañanas me parecía que hacía demasiado frío para ser verano en la segunda mitad de agosto. En las siestas debajo de una de las dos moreras del césped. En el atardecer que dejaba el último rincón de luz en una esquina de la piscina. En un paseo antes de que anocheciera con el callao por si los perros, con mi abuela, mi madre, mis tías, mi hermana...por la urbanización del cerro del laúd. Asomada a la ventana del cierre de la cocina en Baeza viendo las estrellas en algún momento de levantarme a orinar de madrugada. En alguna brisa pacense que asomaba por la ventana de la residencia a la luz de las velas, en el salón del apartamento, a final o a principio de curso. En el horizonte del paisaje y la luz que se veía desde la piscina del charlé al atardecer. En mi padre limpiando la piscina por la mañana con la cegadora luz de la mañana en el charlé.

Ahora en la terraza de mi nido-casa en seminario, la paz que me baña en su rocío nocturno se asemeja a todos esos momentos y entonces sé que es un buen lugar en el que permanecer. Suena Granados de fondo, huele a citronela de una vela, me acaricio la piel con la observación consciente y deleitosa que desde esta mañana está disponible y beso mi brazo como si fueran los labios de ella.